Un congreso de médicos de atención primaria alerta de los riesgos de seguir las recomendaciones de las nuevas herramientas digitales sin consultar a los profesionales
Un usuario se dispone a utilizar herramientas de inteligencia artificial con su teléfono móvil.PICTURE ALLIANCE (DPA/PICTURE ALLIANCE VIA GETTY IMAGES)
Oviedo - 11 JUN 2026 - 09:00 BRT
José Antonio tiene 72 años. Desde hace un tiempo vive con la molesta sensación de que se le olvidan algunas cosas y decide consultar a un sistema de inteligencia artificial (IA) qué puede tomar para “mejorar la memoria”. Este jubilado de la provincia de Almería quiere que sea “algo natural”, porque no desea añadir otro medicamento a los que ya toma para la diabetes, el colesterol, la hipertensión y las arritmias. “Ginkgo biloba” es la respuesta que lee en la pantalla, así que compra un suplemento alimenticio con extractos de este árbol originario de China y confía en ver buenos resultados.
“Llegó a la consulta muy preocupado. Nos explicó que tenía sangre en la orina y que le habían salido moratones en las piernas sin haberse dado ningún golpe. Los análisis mostraron que tenía anemia, lo que era compatible con los sangrados. Así que seguimos indagando cuál podía ser la causa. Hasta que nos contó que hacía poco había empezado a tomar el suplemento”, cuenta Marina Oliva Morales, médico de familia residente que participó en la asistencia a José Antonio (nombre ficticio para proteger su identidad).
Interacción farmacológica grave tras recomendación de inteligencia artificial en paciente polimedicado: nuevo reto para la atención primaria es el elocuente título con el que Oliva Morales y otros cinco facultativos presentan el caso clínico en el congreso de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG) que hoy jueves empieza en Oviedo. “Vimos que el ginkgo biloba puede aumentar el riesgo de hemorragia en algunos casos. Esto es más relevante por la posibilidad de interacciones en pacientes que toman anticoagulantes orales, como es el caso”, añade Oliva Morales.
Los médicos explicaron a José Antonio la causa más plausible de lo ocurrido, le recomendaron que dejara de tomar el suplemento y ajustaron “temporalmente” su tratamiento con anticoagulantes. “Se realiza seguimiento estrecho. La hematuria [orina en la sangre] remite progresivamente en una semana sin necesidad de ingreso hospitalario”, sigue el trabajo presentado en el congreso.
Este caso se resolvió sin más complicaciones, pero todas las fuentes consultadas lo destacan como muy ilustrativo porque reúne en un solo paciente varios retos a los que se enfrentan los médicos. Uno es la creencia de que todo “lo natural” equivale a inocuo, cuando en realidad muchos suplementos alimenticios —cada vez más utilizados— contienen sustancias con efectos fisiológicos que pueden no ser siempre beneficiosos. Otro es el hecho de que el riesgo de interacciones se dispara entre quienes toman varios fármacos, algo común en los pacientes mayores y crónicos que más frecuentan las consultas de primaria.
Y, en tercer lugar, el creciente uso de la IA como herramienta a la que preguntar por temas de salud y cuyas respuestas pueden llevar a tomar decisiones sin consultar al médico. Un riesgo sobre el que la Organización Mundial de la Salud (OMS) lleva alertando desde 2023. “Los datos que se emplean para entrenar a la inteligencia artificial pueden estar viciados, dando lugar a informaciones engañosas o inexactas que representen un riesgo para la salud”, advierte el organismo en un comunicado.
“Son personas que actúan con la mejor de las intenciones, pero que por desconocimiento y confiar en exceso en la IA pueden tomar decisiones que pueden resultar perjudiciales. Todo esto requiere un esfuerzo importante por nuestra parte: informar bien, dar herramientas para tomar mejores decisiones en salud y estar disponibles para resolver dudas”, afirma Oliva Morales.
Julio Mayol, catedrático de Cirugía en la Universidad Complutense de Madrid y experto en el desarrollo de la IA en el ámbito sanitario, considera que estos casos muestran “la gran revolución de desintermediación” que vive el mundo sanitario. Y recurre a una analogía histórica para explicarla: “La expansión de la inteligencia artificial reproduce el impacto que tuvo la imprenta de Gutenberg: la desintermediación del acceso al conocimiento. Igual que la lectura de las Escrituras dejó de ser patrimonio exclusivo del clero y dio lugar a la Reforma, hoy la información ya no depende solo de los profesionales”.
Intentar frenar este proceso, “como hizo la Contrarreforma, con una política sistemática de control y censura de libros, resulta inviable”, considera Mayol. “La respuesta más eficaz se asemejaría al modelo educativo impulsado por los jesuitas: formar a la ciudadanía para que domine el nuevo medio”, sostiene. En la práctica, para este experto, la nueva realidad es también un gran reto para los médicos: “Abandonar el rol de guardianes del conocimiento y asumir una función pedagógica que ayude a capacitar a la población en el uso responsable de estas herramientas, con una evaluación crítica de los contenidos generados por la IA”.
La Organización Médica Colegial (OMC) ha publicado recientemente el Manual de Buenas Prácticas para la Inteligencia Artificial en Medicina. “Es importante tener en cuenta que la IA generativa generalista supone un riesgo si se utiliza para obtener recomendaciones médicas, como ha ocurrido con este paciente. La IA tiene un enorme potencial para ayudar al médico y liberarle de tareas burocráticas y con poco valor, pero no puede sustituir nunca el criterio clínico”, explica la vicepresidenta primera de la entidad, Maribel Moya.
Para un uso seguro, Moya subraya que la IA “puede intervenir en distintos momentos del proceso asistencial, pero el médico debe situarse siempre en el último eslabón de la cadena y mantener una supervisión efectiva”. Por ello, apuesta por medidas como el desarrollo de “chatbots corporativos y otras herramientas cuyo contenido esté avalado" por la evidencia. “El médico puede recomendar estas herramientas, acompañar al paciente en su uso y contestar a cualquier pregunta que pueda surgirle”, concluye.
En la apertura del congreso, los responsables de la SEMG también han querido poner el foco en otros problemas relacionados con las nuevas tecnologías y la lectura acrítica de sus contenidos. En una sesión titulada Anabolizantes y dietas hiperproteicas: lo que el médico de familia debe saber y preguntar, los participantes han alertado de que “el uso de las redes sociales, la presión estética y el deseo de obtener cambios físicos rápidos está llevando a perfiles cada vez más jóvenes y alejados del deporte de élite” a asumir comportamientos de riesgo, según Rodrigo Santos Santamarta, miembro del Grupo de Trabajo de Medicina Deportiva de la SEMG.
Otro motivo de alerta son los llamados trastornos del comportamiento alimentario “silenciosos”, también relacionados con las “redes sociales, la cultura fitness y la presión estética, que están actuando como catalizadores clave”. Antonio Torres, miembro del Grupo de Trabajo de la entidad, ha destacado que se trata de trastornos “menos visibles” que otros más graves y conocidos como la anorexia o la bulimia clásicas, pero que son “cada vez más frecuentes y difíciles de detectar” en la consulta. El gran riesgo, ha incidido este experto, es que la combinación de nuevas tecnologías y tendencias estéticas “transforman conductas obsesivas en hábitos aparentemente saludables y validados socialmente”, algo que tiene un especial impacto en “adolescentes y jóvenes, que terminan interiorizando estándares corporales inalcanzables y editados como la norma”.
Fonte: EL PAIS
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