Zurbarán, 'el anglicano'
LOLA GALÁN - Madrid - 06/02/2011
En
el silencio de las galerías del castillo de Auckland, sede episcopal de
Durham, en el noreste de Inglaterra, se cuece una polémica que viene de
antiguo, y dejaría perplejos a algunos de sus protagonistas, si no
llevaran muertos más de 300 años. Una polémica que enfrenta a la
comunidad anglicana por el futuro de la serie de pinturas Las doce tribus de Israel. Jacob y sus hijos,
del español Francisco de Zurbarán (Fuente de Cantos, Badajoz,
1598-Madrid 1664), que decoran una de las salas del castillo desde
mediados del siglo XVIII.
La venta de la serie, en subasta pública, puede reportar 18 millones de euros
Los expertos creen que el barco con los cuadros fue atacado por piratas ingleses
Se trata de 12 lienzos (el decimotercero es una copia) que los
administradores anglicanos quieren vender en subasta pública,
convencidos de que obtendrán unos 18 millones de euros por el lote. La
idea de deshacerse de los cuadros, que se remonta a 2001 y que se
materializará este verano, ha provocado una oleada de protestas.
Anglicanos tan influyentes como el director del Museo Británico, Neil
MacGregor, o el ex obispo de Durham, Tom Wright, han hablado
públicamente en contra de la venta de unas pinturas que consideran
símbolo de las virtudes anglicanas. ¿Zurbarán, el pintor de la
Contrarreforma, el retratista de monjes y santos, convertido en paladín
de las virtudes de una iglesia reformada? Sí, argumenta el ex obispo
Tom Wright, por las razones que llevaron a la compra de la serie. Fue
el obispo de Durham, Richard Trevor, el que la adquirió por 124 libras
al morir su dueño, un riquísimo comerciante judío llamado James Méndez,
en 1756. "Trevor fue un defensor de los derechos civiles de los judíos
en Inglaterra, contra los sentimientos fuertemente antisemitas del
pueblo", cuenta Wright por correo electrónico. "Colgó las pinturas en
el Long Dining Room, en el castillo de Auckland, para dejar constancia
ante sus muchos invitados de que los judíos eran una comunidad valiosa
y con un lugar importante en la sociedad británica".
Eran tiempos
difíciles para los judíos en Inglaterra y los esfuerzos de los
legisladores por darles acceso a una ciudadanía plena tropezó con la
oposición frontal del pueblo. El gesto del obispo anglicano ha pasado a
la historia como un símbolo de tolerancia. Neil MacGregor, antiguo
director de la National Gallery de Londres, que exhibió por primera vez
la serie de Los hijos de Jacob en 1994 (al año siguiente la
muestra llegó al Museo del Prado), defiende el valor moral de estas
obras. "No hay pinturas, en mi opinión, que hablen de una manera tan
poderosa del compromiso de la Iglesia de Inglaterra con la sociedad",
declaró la semana pasada al diario The Times.
Pero no era
la sede episcopal de Durham el destino inicial de los cuadros. Zurbarán
pintó la serie en torno a 1640 y su destino era América. Muchos
estudiosos del artista barroco creen que el barco que transportaba los
cuadros fue atacado por piratas ingleses que se hicieron con ellos y
los vendieron luego al mejor postor. Enrique Valdivieso, catedrático de
Historia del Arte de la Universidad de Sevilla, ciudad en la que se
formó Zurbarán, ve plausible la hipótesis puesta en circulación hace
décadas por el estudioso César Pemán. Eso explicaría la presencia de
estos zurbarán en Inglaterra, "país con el que en el siglo
XVIII no había comercio artístico", dice. En la web del castillo de
Auckland se informa de que los cuadros "presumiblemente" pasaron por
Sudamérica, "antes de llegar a Inglaterra".
Para Valdivieso, no
son de lo mejor en la extensa producción del artista. "Están realizados
con gran participación del obrador del pintor. Se percibe en ellos el
trazo de alguno de sus discípulos. Entonces trabajaban casi en serie. Y
del obrador de Zurbarán, que además tenía fábrica y tienda propia,
salían centenares de cuadros", explica. Otro experto, Benito Navarrete
Prieto, profesor de Historia del Arte de la Universidad de Alcalá de
Henares, considera en un extenso artículo incluido en el catálogo de la
exposición que se vio en el Prado, en 1995, que son cuadros de la
máxima calidad, solo comparables a los que pintara Zurbarán para la
Cartuja de Jerez, en 1639, hoy en el Museo de Grenoble.
Las obras de este pintor barroco están de moda. Su Santa Dorotea con un cesto de manzanas y rosas,
fechado en 1648, se vendió el año pasado por tres millones de euros, en
una subasta en Nueva York. Más de un responsable financiero de la
Iglesia de Inglaterra habrá tomado buena nota. Para el ex obispo
Wright, lo grave es, precisamente, el peso que parecen tener en la
iglesia anglicana los responsables económicos. "Creen que pueden
dirigir la política de la iglesia, cuando esta debería ser la tarea de
los obispos. Además, cuentan con muchos bienes financieros y, aunque
está claro que hasta el último céntimo es importante, lo que puedan
conseguir con la venta de esos cuadros es poca cosa en relación con los
presupuestos que manejan". Wright se refiere a los llamados Church
Commissioners, un organismo integrado por 33 personalidades religiosas
y laicas que maneja las propiedades y acciones de la Iglesia de
Inglaterra, que ascienden a 4.800 millones de libras (5.684 millones de
euros) según datos oficiales.
"El dinero de la venta de los
cuadros, una vez invertido, podría sufragar los gastos de hasta 10
parroquias anualmente", explica un portavoz de la institución. Quien
alega, además, que los cuadros de Zurbarán, "no forman parte del
patrimonio ni de la nación ni de la Iglesia de Inglaterra". Su tarea
como administradores, recalca la misma fuente, es cuidar los bienes
históricos y, "optimizar los beneficios que de ellos proceden para la
iglesia hoy".
Aunque la decisión final está en manos del sínodo
de obispos que se reúne este mes en Londres, todo apunta a que la serie
bíblica de Zurbarán, tan estimada, saldrá a subasta este verano. Y ahí
terminará la aventura anglicana del pintor.
Fonte: EL PAÍS
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