Sin cazadores para los ciervos
El exceso de herbívoros amenaza la flora y la ganadería de parques nacionales
CARMEN MORÁN - Madrid - 06/02/2011
En
la zona que rodea el Parque Nacional de Monfragüe (Cáceres) los
cazadores ya han visto ciervos a escasos metros de los pueblos. Eso
dicen, y no es difícil que así sea. El director del parque, Ángel
Rodríguez, admite "algún exceso, unos 2.000 ejemplares, en la mitad de
las 18.000 hectáreas" de este bosque mediterráneo. Otras 12.000 cabezas
se calculan en los cotos privados que rodean el parque, unas 30.000
hectáreas donde la caza no tiene más restricciones que las ordinarias.
Ahora la caza flaquea, es cara y la crisis también le ha afectado
El problema no es exclusivo de esta zona. "La sobreabundancia se da
en toda España y yo diría que está afectando a todo el hemisferio
norte", asegura Christian Gortázar, investigador del CSIC y de la
Universidad de Castilla-La Mancha. "La población de ciervos crece entre
un 20% y un 30% cada año y en esa proporción habría que ir cazando".
Pero las escopetas solo alcanzan entre un 15% y un 18%, según Gortázar.
Parecido
problema hay con el jabalí, con los ungulados en general. No hay censos
muy fiables. Pero sí hay algunas convenciones entre los científicos
sobre la densidad que no debería sobrepasarse: entre 0,2 y 0,4 ciervos
por hectárea. "Es difícil que ningún hábitat soporte un ciervo por
hectárea", dice Juan Carranza, profesor de Veterinaria de la
Universidad de Extremadura. También de esta universidad, el biólogo
Daniel Patón ha estudiado la carga de estos animales que soporta
Monfragüe y está persuadido de que sobran muchos. Él rebaja el rango:
"En ningún caso se debe pasar de 0,2 a 0,3 ciervos por hectárea".
La
preocupación por la densidad no es caprichosa; la sobreabundancia es
foco de enfermedades y amenaza la flora, mal asunto cuando se trata de
un parque nacional. Los ganaderos se han quejado de la tuberculosis que
afectaba a sus reses en Extremadura, también ha habido problemas en la
sierra de Cazorla...
"La sequía ha influido en los últimos años,
porque muchos animales se concentraban en los mismos abrevaderos. Pero
ahora hay más dispersión", asegura el director general del Medio
Natural de la Junta de Extremadura, Guillermo Crespo. Se refiere a la
cabaña ganadera de los alrededores. Pero no es amenaza menor la flora
del parque, un bosque mediterráneo donde los arbustos se han convertido
en árboles después de años sin que nadie les moleste.
El
equilibrio entre especies, incluida la del ser humano, se rompió en
tiempos remotos. Ahora hay ciervos, pero no hay lobos, o sobran
conejos, o faltan cazadores. A esa quiebra no son ajenos los parques
nacionales. "Son islas y ocurren estas cosas, es común incluso en
grandes reservas, como las africanas. Obliga a hacer controles de
población, porque no en todos los parques se puede dejar que la
naturaleza siga su propio curso. Hay algunos donde es necesaria la
intervención; pasa en Monfragüe, o en Cabañeros, donde siempre se
cazó", explica Juan Carranza.
Pero justo ahora la caza flaquea,
es cara y la crisis también le ha tocado. "Las monterías caras han
bajado desde 2008 un 40%", dice el responsable de Estudios de La
Federación Española de Caza, José Luis Garrido.
En el parque
extremeño hay quien ha propuesto introducir de nuevo el lobo, pero
muchos discrepan. "No hay espacio suficiente para ello, el lobo tiene
una zona muy amplia de campeo", dice Daniel Patón. "Sería un gran
problema para la ganadería. Hace años había rebaños muy custodiados,
hoy en día no. El lobo se iría a por las ovejas", dice el director de
Monfragüe. Antonio Gentil, de la asociación ecologista Adenex y
Marcelino Cardalliaguet, de Seo Birdlife, ambos con representación en
el patronato de Monfragüe, coinciden también en que lo del lobo sería
más problema que solución.
Queda, pues, la caza, que en los
parques nacionales adquiere nombres eufemísticos, "acciones"
"capturas", o bien "descastes", porque no se abate a los ciervos o
jabalíes para uso comercial o deportivo, sino tratando de frenar una
población que tiende a desmandarse. En 2010 se mataron 520 animales,
entre ciervas y jabalíes. "Y solo en 3.000 hectáreas", señala
Rodríguez, volviendo a poner coto al problema.
Si se caza en el
parque, algunos grupos ecologistas se revolucionan; si no se caza,
otros conservacionistas, o los ganaderos o los propios cazadores,
también ponen el grito en el cielo. Y la discusión entre unos y otros
deviene un tremendo galimatías.
Los cazadores dicen que la
sobreabundancia de ciervos se combatiría si se pudiera cazar en el
parque nacional: "El problema viene de dentro del parque, donde solo se
caza para controlar la población", dice José María Gallardo, secretario
general de la Federación Extremeña de Caza. El director del parque
sostiene lo contrario: "Si gestionamos bien fuera del parque no
tendremos ningún problema dentro". Rodríguez confía en que la nueva ley
cinegética de la región traiga un poco de orden porque "permitirá más
caza" que con los cupos actuales.
Garrido, de la federación
nacional de cazadores reconoce que las escopetas priman en exceso
cobrarse una buena cornamenta y que les interesan menos las ciervas o
los horquillones, y eso es justamente lo que hay que cazar para
controlar la población, madres e hijos. Pero también critica la
actuación de las administraciones, con sus "cupos de caza tan
restringidos".
Pero los ecologistas sostienen que en los cotos
privados que rodean el parque, donde habría unos 12.000 venados, los
que se abaten en las monterías autorizadas son menos de los
autorizados. "No se trata de buscar culpables, pero no se exige el
cumplimiento del plan cinegético", dice Antonio Gentil. Opina que cazan
menos porque la carne no les sale rentable.
Gortázar explica que
también el abandono de las explotaciones ganaderas ha dejado más
espacio a los ciervos, cuya población sigue y sigue creciendo.
"En 1990 éramos 1.435.000 cazadores y ahora somos unos 800.000". El
dato es revelador, pero el responsable de Estudios de la Federación
Española de Caza, José Luis Garrido, aún insiste con cierta sorna en la
edad media: "Estamos ya en amortización, no en relevo". Hay un rosario
de causas, dice: "Nada invita a ser cazador hoy en día: los jóvenes se
acuestan los sábados a la hora en que nos levantamos para las
monterías, son los cambios sociales; hay cierto desarraigo del mundo
rural, donde siempre se cazó con normalidad, y la crisis también ha
influido, cazar un buen ejemplar puede costar hasta 6.000 euros".
Garrido
no olvida "los mensajes que se lanzan en contra de la caza" y él lo
define así: "Claro que es una actividad cruenta, pero no cruel, también
la naturaleza es cruenta". Opina que si se extinguieran los cazadores
"los poderes públicos deberían crear un cuerpo del Estado, porque hay
que controlar las poblaciones de animales". Los expertos, como
Christian Gortázar, del CSIC, coinciden en que la caza es vital para
restablecer el equilibrio, pero sabe que se caza menos de lo que se
debe. Y lo reconoce Garrido: "No llegamos al 20% de las poblaciones,
unos 110.000 ejemplares.
Fonte: EL PAÍS

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