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terça-feira, 15 de maio de 2012

MENOS CRUCIFIXO E MAIS TRABALHO FIXO, CLAMAM OS CRISTÃO ESPANHÓIS



“Menos crucifijo y más trabajo fijo”

 
El movimiento de los indignados es sin duda un signo de nuestro tiempo que de algún modo une distintas voces en un reclamo común. Si existir “hoy” es la esencia misma de la Iglesia como acontecimiento de la Palabra en la historia, este signo plurivalente reclama discernimiento para la buena salud de la comunidad cristiana.

1. Entre las proclamas de algunos indignados cuando pasaban delante de una iglesia, una me hizo pensar: “menos crucifijo y más trabajo fijo”. Se la puede tachar con razón de incoherente, pero ahí está y responde a una sensación: la religión cristiana es percibida como un obstáculo para la justicia social. Mientras la manifestación de los indignados ayer tarde pasaba delante de un templo, dentro del mismo se celebraba la eucaristía con escaso número de asistentes, y el presbítero celebrante me decía después que tanto ruido en la calle le impidió hacer la homilía.

2. En ese contexto, cuando apenas los indignados han abandonado la Puerta del Sol en Madrid y los sufridos barrenderos adecentan el recinto, leo con serenidad la Palabra de Dios en este domingo sexto de resurrección. La primera lectura ya da que pensar: “Dios no hace distinciones”; si el ser humano es imagen del Creador, en todo el que busca la justicia deja el eco de su presencia benevolente ¿No hay en este movimiento de los indignados un común anhelo en esa búsqueda?

3. Y el Evangelio de Jn 15,9-17 es aún más elocuente. Al despedirse de sus discípulos, Jesús de Nazaret no les deja en síntesis una teoría sobre Dios; ni siquiera pronuncia esa palabra; únicamente les transmite su experiencia del “Padre”, símbolo de un amor incondicional y de ternura infinita. Y tampoco les habla de prácticas religiosas que deben cumplir para satisfacer el honor de la divinidad. Destaca el camino de lo humano: amaos unos a otros, dejaos transformar por mi alegría, sois mis amigos. Amor, alegría, amistad ¿no son estos los deseos más profundos de la humanidad?

4. Amor que se hace justicia en situaciones de injusticia. Alegría que produce ver que los excluidos salen de la postración. Amistad que significa mirar a todos desde el corazón de Dios. Las relaciones humanas fecundadas por estos sentimientos son, según la fe cristiana, la mediación y el espacio de encuentro con lo divino. Entonces los cristianos debemos preguntarnos qué debemos hacer para que nadie pueda concluir: “menos crucifijo y más trabajo fijo”

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